Cómo funcionan las vacunas

Aunque el cuerpo tiene un sistema de defensa antipatógenos, cuando enfrenta uno nuevo tarda en reaccionar. Las vacunas introducen partes inofensivas del microorganismo que aceleran la respuesta de las defensas del cuerpo.

El sistema de defensa propio del cuerpo lo protege bien de los patógenos que conoce, pero no tanto de los desconocidos. Las vacunas aceleran la respuesta del cuerpo en estos casos, y son herramientas seguras y efectivas para proteger a personas y comunidades del contagio. Muchas enfermedades graves que causaban miles de muertes y secuelas se erradicaron gracias a ellas.

Los gérmenes están en todas partes. Incluso en nuestro cuerpo y las cosas que tocamos o comemos. Cuando una persona está con sus defensas bajas y le infecta un microorganismo dañino, puede enfermarse e incluso morir.

Nuestro cuerpo se defiende de estos patógenos de muchas maneras. La primera es evitando que ingresen. La piel, la mucosidad y los cilios funcionan como barreras y filtros.

El sistema de defensa del cuerpo

El sistema inmunitario detecta una parte de los patógenos (virus, bacterias, hongos y parásitos) que se llama antígeno y que es diferente para cada patógeno. Al detectar un antígeno el sistema inmunitario genera anticuerpos, que son como soldados del sistema de defensa del cuerpo. Cada anticuerpo está entrenado para reconocer un antígeno específico. Tenemos miles de anticuerpos diferentes. Cuando se enfrenta a un antígeno por primera vez, nuestro sistema inmune necesita tiempo para responder y producir el anticuerpo adecuado para ese antígeno.

Mientras tanto, la persona puede enfermar.

Cuando se producen los anticuerpos específicos del antígeno, estos actúan junto al sistema inmunitario para destruir al patógeno y frenar la enfermedad. Cada anticuerpo nos protege contra un patógeno específico, salvo que exista otro muy parecido. Después que el cuerpo produce los anticuerpos para un antígeno, también crea células de memoria para generar ese anticuerpo, que siguen activas después que se derrotó al patógeno.

Así, si el mismo patógeno nos vuelve a infectar, la respuesta de nuestro cuerpo será más rápida y eficaz pues las células de memoria estarán listas para enviar anticuerpos.

¿Cómo nos ayudan las vacunas?

Las vacunas contienen partes inofensivas de un microorganismo (antígeno) que activan las defensas propias del cuerpo. Las más modernas incluyen las “instrucciones” para producir el antígeno, en vez del antígeno mismo.

Independientemente de si usa uno u otro mecanismo, las vacunas no provocarán la enfermedad en la persona inoculada, pero harán que su sistema inmunitario responda como lo haría ante el microorganismo real.

Algunas vacunas requieren de más de una dosis para mantener la producción de anticuerpos alta y el desarrollo de células de memoria durante un periodo de tiempo más largo, con efectividad. Así, preparan al cuerpo para combatir a ese patógeno y recordarlo en el futuro de ser necesario

Su papel en la protección de la comunidad

Una persona vacunada contra una enfermedad estará mejor protegida contra ella. Pero no todas las personas se pueden vacunar. Quienes sufren enfermedades preexistentes que debilitan su sistema inmunitario (como cáncer y VIH) o las que son alérgicas a algún componente de las vacunas, tal vez no puedan hacerlo. Pero esas personas estarán más protegidas si viven entre personas que sí están vacunadas.

Cuando la mayoría de las personas de una comunidad están vacunadas, la circulación del patógeno es difícil, porque muchas personas están inmunizadas. Por eso, mientras más personas estén vacunadas menos probable será que una no vacunada enferme de esos patógenos. A eso se llama inmunidad de grupo.

Alcanzar esta inmunidad no solo es importante para quienes no pueden vacunarse, sino también para las personas que tienen factores de riesgo mayor si llegan a sufrir la enfermedad contra la cual estamos vacunando. Ninguna vacuna proporciona por sí sola una protección del 100%, ni la inmunidad colectiva ofrece protección total a quienes no pueden vacunarse. Pero la inmunidad colectiva ofrece a esas personas mayor seguridad, gracias a que las personas de su entorno están vacunadas.

Vacunas exitosas: el caso de la poliomielitis

A lo largo de la historia, el ser humano creó vacunas muy exitosas para muchas enfermedades potencialmente mortales como la meningitis, el tétanos, sarampión y poliomielitis (@Pictoline lo explica muy bien).

Por ejemplo, hacia el año 1900 la poliomielitis era una enfermedad muy presente en todo el mundo, que paralizaba a cientos de miles de personas al año. A mitad del siglo ya se habían desarrollado 2 vacunas eficaces para la enfermedad. Sin embargo, en algunas partes del mundo como África, la vacunación no era suficientemente masiva y extensa para frenar su contagio. En la década de los 80 se puso en marcha un plan multinacional para acabar con la poliomielitis en todo el mundo.

Durante décadas se hicieron campañas de vacunación masivas y sistemáticas, en todos los continentes. La vacunación llegó a millones de personas, en su mayoría niños, y en agosto de 2020 se certificó la erradicación de la poliomielitis en el continente africano, y en todo el mundo, excepto en Afganistán y Pakistán, países en donde aún existe.

En resumen, a nuestro alrededor existen millones de microorganismos que pueden ser muy dañinos para nuestra salud, incluso mortales. El cuerpo humano tiene un sistema que detecta y elimina estos patógenos, y los recuerda para el futuro, pero al enfrentar a un microorganismo por primera vez, tardará en reaccionar y producir anticuerpos que lo defiendan, y durante ese tiempo será vulnerable a enfermar y morir.

Las vacunas activan las respuestas del sistema inmunitario frente a nuevos patógenos y lo preparan para reconocerlo, en caso de infección.

Te invitamos a vacunarte contra el Coronavirus, ayudar a controlar la pandemia y generar inmunidad grupal.

Fuentes: OMSMedline

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